¿Cuál cree que es el principal problema de la educación superior pública?
Que no está articulada a un proyecto de sociedad que se instale autónomamente en el intercambio mundial de bienes y servicios, es decir, se reduce a producir e intercambiar productos con muy poco valor agregado. Es su desorientación en cuanto a para qué sociedad prepara profesionales, para quién produce conocimientos; porque, para un país que recoge anchoveta, la quema y muele, no se necesita mucha preparación y allí está la clave del asunto, las universidades no producen un proyecto de sociedad autónoma, no tienen una propuesta de sociedad para sus estudiantes en la cual deban formar profesionales muy bien preparados que puedan dar altísimo valor agregado a nuestros productos y que produzcan investigaciones para esa finalidad.
En comparación con otros sistemas universitarios en el extranjero (Brasil, Argentina, Francia), donde la enseñanza pública es considerada de mejor calidad, y la privada es una alternativa para quienes no logran ingresar a la pública, ¿en qué momento el Perú perdió ese perfil?
Se perdió al comenzar la década del sesenta. Había en el país ocho universidades, una privada y siete estatales entre las cuales destacaba San Marcos. Ese año se promulga la ley universitaria. Hubo fuerzas emergentes de izquierda que apoyaban las movilizaciones de campesinos y obreros en el proceso de cambio en la industrialización del agro y la urbanización del campo, esas fuerzas llegaron al gobierno universitario. Como consecuencia, las clases que controlaban el poder político, económico y eclesial entraron en pánico. Consideraron que había sido una derrota el que esas fuerzas sociales llegaran al gobierno de la universidad, así que se retiraron de la universidad pública y empezaron a fundar universidades privadas. Un ejemplo es la creación de la Universidad Cayetano Heredia.
Por esa época crecieron dos corrientes. Una decía que había que entenderse con las potencias del hemisferio norte y que no había que esperar a una autonomía. Eso significaba desde el punto de vista cultural que otros producirían los conocimientos y nosotros solo los aplicaríamos. Entonces la universidad ya no haría investigaciones ni formaría profesionales de altísimo nivel, solo se dedicaría a difundir los conocimientos y tecnologías producidas en otros países, aceptando así una subordinación. Por otro lado, creció en el país una corriente socialista con un discurso muy negativo para el papel de la universidad, un socialismo euro-céntrico. Decía que los cambios educativos deben ser posteriores a los cambios económicos, y para cambiar la economía se debería llegar primero al poder político. La educación quedaba entonces relegada a un tercer turno, y la energía de esas corrientes se concentró en llegar al poder político para cambiar la economía y algún día la educación; el hecho es que reformas en la educación quedaron postergadas, olvidadas. Ambas corrientes terminaron por hundir a la universidad pública. Entonces empieza el crecimiento de las universidades privadas.
Tenemos una ley universitaria de casi 30 años de antigüedad. Ahora, en pleno siglo XXI, ¿cuál debería ser la principal reforma en una nueva ley universitaria?
La principal reforma que se debe hacer es articular la ley universitaria a un proyecto de desarrollo entendido como una propuesta para producir bienes y servicios con alto valor agregado. El Proyecto Educativo Nacional – PEN en su numeral quinto establece que debe crearse un ente rector de la educación superior en el Perú que rija y dirija, pero no hay voluntad política en el parlamento para apoyar esos proyectos de ley, por eso mantienen al sector de la educación superior vegetando con medio millón de estudiantes universitarios y otro medio millón provenientes de institutos superiores a la deriva. De los egresados de la universidad pública pocos tienen una ocupación con un ingreso digno, la mayoría cachuelea, cachueleamos, y la educación superior encubre ese desempleo. Solo nos entretiene cinco años.
El Proyecto Educativo Nacional (PEN) elaborado por el Consejo Nacional de Educación fue desarrollado desde el anterior gobierno presidencial y ha sido reconocido en el actual régimen como Política de Estado en el ámbito educativo. Sin embargo, vemos que no se ejecuta de manera adecuada, ¿dónde está el problema?
Las veces que hemos trabajado cerca del congreso apoyando para que diseñen sus leyes nos encontramos con una negativa del poder político muy cerrada. Solo mantienen un Ministerio de Educación donde las instituciones sobreviven pero no florecen.
En la práctica, ¿cuánto tiempo tomará aplicar el PEN de manera adecuada y sin politizarlo?
El tiempo que tome al pueblo peruano instalar una nueva clase dirigente, una nueva élite. Eso no se puede precisar y uno de los factores es porque la universidad no genera un liderazgo adecuado. Los líderes que salen de la universidad allí están, en el desprestigio de la clase política; esa es la cosecha del tipo de formación que recibieron. Las universidades e institutos de educación superior no producen élites de calidad, no hay renovación; por eso ahora tenemos a un cura planteando temas de ecología, a un militar los temas de desarrollo y a un líder amazónico planteando la defensa del ambiente. Es un liderazgo que se renueva por los marginados, ¿y la universidad? Bien gracias. De allí no ha salido un liderazgo nuevo que constate el desastre de la vida de la educación superior.
Hoy en día muchos jóvenes que acaban una carrera técnica o universitaria no consiguen trabajo ¿los egresados están de espaldas al mercado laboral?
Sí. Están de espaldas pero no al país real porque este no te reclama grandes científicos; te pide comerciantes, choferes de taxi, vendedores, etc. Esa es la demanda del mercado real peruano, por eso un proyecto político de gran nivel no encontraría aquí con quien trabajar. Eso se constata cuando hay empresas de altísimo nivel mundial que aquí no encuentran profesionales. Por ejemplo, ramas como la biología genética, que debiera ser fundamental para la investigación y creación de especies, tiene egresados que no encuentran trabajo aquí, pueden ser laboratoristas pero no consiguen trabajo como investigadores, por eso tienen que irse al extranjero, y eso que estas carreras son muy bien remuneradas. Lo que digo se expresa en que el Perú cuenta con un contingente de altísimo nivel pero en el extranjero. El profesional peruano de alto nivel sabe que si quiere ganar como corresponde tiene que irse al extranjero.
En Brasil, las universidades públicas mantienen su liderazgo dentro del sistema universitario. Su población estudiantil está integrado básicamente por las clases altas y medias de la sociedad brasileña quienes recibieron una mejor educación básica que los pobres que van a los colegios públicos. Frente a esta desigualdad que afecta a los pobres, el gobierno de Lula ha tenido que promulgar una Ley de cuotas para que los estudiantes de colegios públicos (especialmente los negros y mulatos) tengan una cuota fija de ingreso a las universidades públicas. En el Perú ocurre lo contrario. Universidades públicas cada vez más precarias y atrasadas albergan a una población estudiantil básicamente de escasos recursos que provienen de colegios públicos, con todas las limitaciones que eso significa, mientras que las clases medias y altas peruanas van a universidades privadas.
Frente a esta realidad, ¿Cuál es su posición?, ¿una universidad pública de pobres, está condenada a ser una universidad pobre?, ¿conoce experiencias de universidades públicas dirigidas a sectores económicamente deprimidos que sean líderes en su campo?, ¿qué podemos hacer?
Brasil tiene calidad en sus universidades públicas porque desde los años treinta la élite brasilera se propuso convertir a su país en una potencia continental para luego ser mundial. Sean militares, democracias o dictaduras, en Brasil hasta ahora se ha mantenido la misma meta: ser potencia mundial. El sistema de becas que ha diseñado Lula es necesario cuando hay un proyecto de educación nacional que se fija en la necesidad de preparar a los mejores jóvenes para que fomenten el desarrollo a través de la investigación, de la producción de conocimiento. En el Perú vemos al gobierno actual (gestión de Alan García) hablar de un colegio de élite, veremos cómo funciona. Sin embargo, ese colegio no está destinado al éxito si es que no va acompañado de un proyecto de convertir al Perú en una potencia productora de conocimientos, con la intención de convertir estos conocimientos en bienes y servicios, los llamados bienes con valor agregado, eso no hay en el Perú. La pregunta es que va a pasar con esos 800 jóvenes que van a ser formados en este colegio de manera intensiva para destacar; es probable que algunos vayan a universidades privadas, muy pocos a una universidad pública y la gran mayoría termine en el extranjero porque las élites mundiales están cazando cerebros, siguen cazando a los mejores elementos de todo el planeta.

